EL NUEVO GOBIERNO DE SANCHO
Autor: Padre Leonardo Castellani.
Páginas: 286.
RESEÑA:
De la experiencia dolorosa del gaucho y la experiencia vergonzosa del viejo Vizcacha se nutre el Sancho Panza de este libro. Tiene del viejo chupador y angurriento, avisado y bribón, la socarronería y la malicia, o mejor dicho el simple maliciar; pero tiene también el afán de justicia, la caridad violenta, la crencia y el coraje del gaucho –Martín Fierro–.
Es, pues, un Sancho gaucho, integral, psicológico, éste que ha descubierto el Padre Leonardo Castellani en las crónicas de Cide Hamete (h.). Un Sancho que gobierna con sentido común en medio del común desvarío y que, en nombre del pueblo, opone cierta saludable barbarie –de la barbarie nativa que diría Sarmiento– a la civilación extranjerista y postiza que improvisa la clase dirigente, esto es: los tirteafueras de la Ínsula. Que cuál es esta Ínsula no es preciso ni agradable decirlo. Aunque sin señalarla por su auténtico nombre, el autor nos la pinta con pelos y señales, en toda su esplendente corrupción a través de los gremios más caracterizados y de los entes más figurativos de la escala social.
(del prólogo de Juan Oscar Ponferrada)
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EL NUEVO GOBIERNO DE SANCHO
Autor: Padre Leonardo Castellani.
Páginas: 286.
RESEÑA:
De la experiencia dolorosa del gaucho y la experiencia vergonzosa del viejo Vizcacha se nutre el Sancho Panza de este libro. Tiene del viejo chupador y angurriento, avisado y bribón, la socarronería y la malicia, o mejor dicho el simple maliciar; pero tiene también el afán de justicia, la caridad violenta, la crencia y el coraje del gaucho –Martín Fierro–.
Es, pues, un Sancho gaucho, integral, psicológico, éste que ha descubierto el Padre Leonardo Castellani en las crónicas de Cide Hamete (h.). Un Sancho que gobierna con sentido común en medio del común desvarío y que, en nombre del pueblo, opone cierta saludable barbarie –de la barbarie nativa que diría Sarmiento– a la civilación extranjerista y postiza que improvisa la clase dirigente, esto es: los tirteafueras de la Ínsula. Que cuál es esta Ínsula no es preciso ni agradable decirlo. Aunque sin señalarla por su auténtico nombre, el autor nos la pinta con pelos y señales, en toda su esplendente corrupción a través de los gremios más caracterizados y de los entes más figurativos de la escala social.
(del prólogo de Juan Oscar Ponferrada)